martes, 12 de febrero de 2019


27 años en defensa de los derechos humanos
27 años en lucha: No han sido fáciles

                              Colectivo del CENIDH a inicios de los 90

Escribo con mis recuerdos influenciados por la emoción que irradian los casi 10 meses de resistencia iniciada por nuestra juventud quien, conectada con sus padres y abuelos activó, y de qué manera, un movimiento social que le arrebató las calles a la dictadura y sobre todo los espacios nublados de nuestras conciencias para alcanzar el sueño legítimo del Basta ya de dictadura, Basta ya de crímenes, corrupción e impunidad, Basta ya de ignominia, Basta ya de pueblo sin memoria y sí, artífice de la historia.

A propósito de la memoria e historia, dedico la presente a las generaciones que en diferentes circunstancias han dado muestra de heroísmo y dignidad, especialmente a la generación que desde el 18 de abril de 2018, estremeció a todo un pueblo, cuestionando la esencia de las estructuras tenebrosas que representan a la actual dinastía en el poder.

El sacrificio de nuestros jóvenes y niños no será en vano, la opresión será derrotada definitivamente por la extraordinaria rebelión cívica. No existe otra opción, es de derecho y nuestro pueblo lo merece. El crimen y la infamia no tienen derecho a ser gobierno.

Hace 27 años (casi la mitad de mi vida), inicié mi experiencia con una pasantía y meses después, en octubre de 1992, como defensor permanente de los derechos humanos de la gente, de todos los colores,  víctimas del abuso de poder de todos los tiempos, en todos los gobiernos.

Recuerdo que cuando comencé por estos caminos, más de un compañero de promoción me dijo que no tendría futuro, me moriría de hambre, comparando a los ingresos que puede alcanzar un servicio privado, en una firma de abogados (somos como 30 mil). Ahora, 27 años después, aterrizo, recuento y me digo que no me morí de hambre ni tampoco hice dinero, pero qué enriquecido me siento de dignidad aprendida y en comunión con el pueblo.

Echando una mirada del tiempo recorrido, concluyo con la convicción y orgullo de que no me equivoqué de carrera, mucho menos de la decisión de ser un defensor de derechos humanos y poner mis conocimientos al servicio de nuestro pueblo, el que me ha enriquecido con su dignidad y heroísmo.

Sinceramente ninguna universidad, per se, enseña eso, aunque debo recordar a una de mis grandes inspiraciones, el Padre César Jerez SJ, quien fuera Rector de la UCA y con el cual logré cultivar una excelente relación. Su humanismo, como un intelectual comprometido con los más desposeídos constituyó ese factor de motivación, no en vano, el Padre Jerez fue fundador del CENIDH.

Para nada ha sido fácil, menos en esta época en la que la represión y la persecución política constituye el peor de los escenarios para ser defensor o defensora de derechos humanos. Las masacres contra el pueblo, el despojo de la mayoría de nuestros derechos, la destrucción del orden constitucional, las cárceles llenas de presos y presas políticas, la tortura, la desaparición forzada, el exilio, el asalto al CENIDH y a todas las organizaciones, la cacería contra toda expresión al periodismo independiente constituyen una evidencia de la brutalidad y calaña que nos desgobierna. 

Mi activismo social, como dirigente estudiantil en la UCA me ayudó a incursionar en el activismo de ese gran movimiento en que se fue convirtiendo la promoción y defensa de los derechos humanos, con el significativo rol y aporte del CENIDH. Era 1992, estábamos en medio de un convulsionado país en transición. Fue la época del fin de la guerra de los 80 hacia un proceso de pacificación, con violencia, pasadas de cuentas y violaciones de  derechos humanos. 

Ahora que procuro resumir las ideas y experiencias, no puedo dejar de recordar aquellos años relacionados a ese contexto de transición, por cierto duros y  dolorosos: Me refiero a los rearmados, los Re-compas (ex militares), los Re-contras (la resistencia nicaragüense) y como después la realidad y los problemas comunes los juntaron, se llamaron también Revueltos, a los que en general todos los gobiernos y partidos les llenaron de promesas para engrosar sus filas, especialmente en tiempos de campaña.

Como la guerra había recién concluido, las acciones respondían a esa lógica de resolver las contradicciones con la violencia armada, expresada en tomas, asaltos, secuestros, huelgas, tranques en las carreteras, etc. Es por eso que, en los primeros años de la etapa de transición de la guerra a la paz, el sonido de los fusiles no desapareció aunque oficialmente se declaró el fin de la guerra entre nicaragüenses.

Se dice fácil, pero ese tiempo le traqueteó, no obstante, la brutalidad de los crímenes de Estado que sufre actualmente el pueblo de Nicaragua, es de magnitud terrorífica, sin pretender suavizar tiempo alguno, pues dolor es dolor. Es triste caer en la comparación de quién ha sido más malvado, criminal y nefasto. Hace más de 40 años se gritaba aquella consigna: Después de Somoza, cualquier cosa… Y ve qué terrible nos resultó la familia sustituta.

Al integrar el equipo de defensa y denuncia recuerdo que éramos un grupo pequeño, la mayoría aparecen en la imagen de arriba, imposible no recordar a mi colega y hermano de lucha Bayardo Izabá Soliz, quien se nos fue joven (falleció en julio de 2011) a ambos nos unió la causa (pertenecimos a la llamada generación de los 80), nos graduamos juntos en la UCA, donde defendimos el 6% e hicimos la pasantía en la misma etapa.

En diversas jornadas de esas intensas contradicciones, violencia y protestas de calle, ahí estuvimos bajo el liderazgo y la experiencia de la Dra. Vilma Núñez. Era el tiempo en que protestaban los que hoy hacen de verdugos contra nuestro pueblo, éstos que ahora apuestan al olvido y se ponen como mensajeros de la paz y que con fusiles de guerra masacraron a una ciudadanía desarmada.  

Obviamente, lo que hoy les comparto es apenas un resumen, a manera de ejemplos que ilustran y nos recuerdan hechos para que nuestra memoria no olvide. Dejo pues la observación y aclaración de que hay mucho por contar en casi 3 décadas.
               5 de mayo de 2006, protesta pro salarios. Imagen del Diario Hoy

En mayo de 2006, se realizó una protesta por demanda de mejores salarios, sus protagonistas fueron los médicos organizados en el Movimiento pro salarios. Sus acciones fueron beligerantes y la represión contra ellos no se hizo esperar, como defensores también corrimos riesgos.

El lema Derecho que no se defiende es Derecho que se pierde, fue tomado por la gente en lucha, lo gritan en muchos lugares y diría que es una de las expresiones de cómo la población se apropió de sus derechos y los defiende de manera impresionante en estos tiempos de crimen y dictadura.

Sí, son 27 años en una labor inolvidable por lo aprendido y por haberme convertido en un ciudadano de causas y compromisos, un sujeto para la lucha y al servicio de muchísima gente, de todo eso me siento orgulloso y cómo no estarlo después de haber compartido con muchísima gente, procurando aliviar su dolor y también satisfacción por estar al lado de los más desposeídos, a favor de las víctimas de los poderosos, como los actuales que han masacrado a los hijos del pueblo y que también han masacrado y siguen masacrando diversos derechos humanos, fundamentales. 

No ha sido fácil estar bajo la presión de los gases lacrimógenos, bajo el fuego cruzado de morteros y balas, bajo la intimidación, la amenaza y la descalificación, en esas circunstancias peligrosas hemos defendido los derechos de todos y todas. Como lo compartí en una entrevista reciente con La Prensa, nunca había llorado tanto como en estos meses. Imposible ser indiferente, menos neutrales. La neutralidad provoca infartos.

Cómo no iba a llorar frente al dolor de las familias de los asesinados, de los gravemente heridos, de los detenidos, desaparecidos, torturados y de los presos y presas políticas… Recuerdo, y no hay manera de olvidarlo el sonido de las balas, tiro a tiro y en ráfagas disparadas contra los atrincherados en la UNAN, los mismos truenos que aterrorizaron en ciudades enteras como Masaya, Carazo, León, Chinandega, Estelí, Matagalpa, Jinotega y los barrios orientales de Managua, entre tanto lugares.

Desde la noche del 18 de abril, cuando inició la actual rebelión, tuve la oportunidad de hacerle un llamado al mando de la tropa de antimotines que reprimió a los jóvenes perseguidos y golpeados en la rotonda Jean Paul Genie.

El jefe policial hizo caso omiso al señalamiento de que la Constitución lo obligaba respetar el derecho de manifestación y a proteger a los jóvenes que minutos después fueron brutalmente agredidos por las fuerzas de choque uniformadas por el partido familiar. Ese día, el rumbo del país empezó a cambiar para siempre, sin tener conciencia del estado de terror y terrorismo de Estado que vendría.

Desde el 19 de abril comenzaron a matar a los hijos del pueblo: Entre las primeras víctimas, Alvarito Conrado, Richard Pavón, Ángel Gahona, Álvaro Gómez. Desde entonces, hasta el mes de julio, casi todos los días, las fuerzas represivas violentaron el derecho a la vida, al extremo de más de 300 personas asesinadas.

Crímenes de Estado, fusiles de guerra contra personas desarmadas, con tiradoras o morteros, gente armada en las trincheras y en la protesta fueron expresiones aisladas; la proporción de los daños, heridos y muertos son una incuestionable evidencia. Por eso es que, órganos expertos, concluyeron en que hubo la comisión de crímenes de lesa humanidad, los que no prescriben y quedarán para siempre en la memoria de nuestro pueblo.

En mayo, con un equipo de colegas del CENIDH, nos sumamos a la caravana que miles de ciudadanos de Managua y otras comunidades, realizamos en solidaridad con los Masaya y el heroico Monimbó, asediados y sometidos por el fuego de la brutal represión estatal. Fue impresionante constatar cómo su población estaba desbordada, ya abundaban las barricadas, como recuerdo de lo que fue Monimbó insurrecta 40 años atrás.

Para esa fecha ya habían matado a ciudadanos desarmados. No obstante, lo peor apenas comenzaba. La historia de esa resistencia y el heroísmo de su gente están documentada, debemos conocerla y nunca olvidar. Los asesinados, heridos y desaparecidos, los presos y presas políticas de esa y todas las ciudades, merecen que obremos en consecuencia. El testimonio, el llanto y la lucha de sus familiares nos lo recuerdan permanentemente.

El 30 de mayo, masacraron en diversas ciudades, como venganza y castigo por parte de una dictadura que desde el 18 de abril se vio perdida. En Managua, presencié tres estampidas, me sentí una hormiguita tratando de llamar a la calma y que la multitud no sufriera daños. La gente corría por diversos lados especialmente hacia la UCA, donde miles ingresaron, gracias a que las autoridades estaban atentas a brindar refugio, como en efecto lo hicieron.

Recuerdo que cerca de la UNI miré a Ricardo Baltodano (preso político desde septiembre), incrédulo sobre lo que estaba pasando, es que con semejante marcha se creía que la dictadura había quedado paralizada al saber que la población le había enviado un mensaje firme y en voz alta. Cuando miré a los médicos Ricardo Pineda y Carlos Duarte, salimos de toda duda, ambos me dijeron que ya habían atendido heridos, a lo inmediato las ráfagas superaron cualquier duda, el terrorismo de Estado era una realidad.   

Las ambulancias sonaron en cantidad, los heridos eran evacuados en motocicletas, los impactos fueron mortales, disparados por los escuadrones de la muerte, el nuevo Estadio de béisbol fue ocupado por esos criminales, con la complicidad activa de los cuerpos armados, destinados a proteger a la población, mandato constitucional absolutamente manoseado a favor del poder tiránico concentrado por una familia.

Como si fuera poco, las masacres y crímenes de lesa humanidad continuaron, los asesinatos no pararon, el dolor y el terror lo sintieron en todo el país. El sábado 16 de junio, mientras la dictadura hablaba de dialogar, sus fuerzas tenebrosas no paraban de matar. En el barrio Karlos Marx de Managua, quemaron una casa de varios pisos, seis miembros de la misma familia fueron asesinados, el fuego los devoró,  dos niños entre ellos, familiares y muchos vecinos, más cámaras de videos quedaron como evidencia de quiénes fueron los criminales.

El sábado 23 de junio, siguieron matando en el marco de las operaciones limpiezas, en los barrios orientales de Managua las fuerzas represivas con los escuadrones de la muerte limpiaron las calles, matando a quien les saliera en el camino, de esa forma, en Las Américas 1, asesinaron al niño Teyler Lorío de tan solo 14 meses, quien iba en brazos de su padre.

El crimen y la cobardía demostraban una vez más que no tenían límites, porque igual como masacraron el 30 de mayo, día de las madres nicaragüenses, el 23 de junio se celebra el día del padre.

Ahora que escribo, desde un impensable exilio, trato de no quebrarme por las emociones y el recuerdo de cantidades de voces que se comunicaron conmigo por las redes sociales y la forma convencional del celular, eran las 10, las 12 de la noche, o en la madrugada y también de día, voces con el corazón desbordado por el terror de las balas asesinas y que me comunicaban desde diferentes lugares del país:

Gonzalo, Doctor (aunque no soy tal), nos están disparando, ahí vienen, cómo hacemos para que no nos ataquen, para que no nos maten… Era raro que no me quebrara ese aviso, cada llamada y lo peor era la impotencia, limitarse a recomendar que se agacharan, tirarse al piso, era el sonido del terror del que pocas ciudades se salvaron.

Cuando esos ataques eran de noche, cuando recibía el aviso, cuando el celular sonaba o vibraba, con mi esposa compartía de común el dolor de ese tiempo de terror. Cuando atacaban a los de la UNAN recuerdo que decía, los están matando.

En el ataque final del 13 de julio, no me pude contener y dije no me quedo acostado, no había cómo conciliar el sueño, salí con la mente puesta en esa chavalada valiente y digna, me sumé a la caravana que recorrió las calles, algunos barrios orientales donde la gente azul y blanco sacó sus bandera y sus pitos, las infaltables y ruidosas vuvuzelas.

La caravana se hizo grande, para ser de noche y considerando a dónde íbamos, llegamos al sector del Club Terraza, los policías con sus fusiles de guerra apuntándonos, tenían cruzadas sus patrullas para que no llegáramos hasta la parroquia, mientras los escuadrones de la muerte, llamados de múltiples formas por la tiranía, mataban impunemente, acribillando cuerpos y dejando centenares de impactos de sus balas asesinas, en las paredes de la parroquia, como señal de que están lejos de su proclamado cristianismo.       

Incontables fueron las marchas, plantones y diversas expresiones cívicas en las que participé, con mis colegas del CENIDH y en familia, en las pequeñas y en las multitudinarias, en varias de ellas la dictadura hizo sentir el terror que le ha caracterizado en todos estos meses. Represión y persecución hasta no dejar marchar a punta de los fusiles de guerra con los que se impusieron los encapuchados acompañados por la policía política, guardianes de la dictadura.

Recuerdo también una de las últimas marchas bajo la persecución y la intimidación de los fusiles, cuando mataron al niño Mat Romero, el sábado 23 de septiembre, en las Américas 3, una semana antes de que inconstitucionalmente prohibieran las marchas. Ese día, sentimos el impacto de los gases y quedamos bajo la influencia de las balas asesinas, cómo olvidar al niño a quien vimos, cuando lo llevaban herido mortalmente.

En los primeros días de noviembre, con mis colegas del CENIDH, hicimos presencia en la entrada de los juzgados de Managua, donde el poder judicial cumple la misión de fusilar a los presos y presas políticas, a los que condena sin respetar ninguna garantía que permita considerar la existencia de un legal y debido proceso. Ese lugar es una extensión partidaria de la infamia, donde la justicia no pasa de ser una palabra y cuyos jueces conocen de derecho pero sus sentencias obedecen a las órdenes de la dictadura.   
         En el edificio de fusilamiento judicial. 6 de noviembre, Imagen de cortesía

Recuerdo que estuvimos con varios familiares de los presos y unas conocidas defensoras de derechos humanos que no cesan en su labor incansable de acompañar a las víctimas. La represión no se hizo esperar, fuimos rodeados por un centenar de antimotines, nos amenazaron con llevarnos al chipote, oímos que daban esa orden, no lo hicieron aunque se nos robaron la manta con mensaje a la dictadura Ortegamurillo: Libertad para todos los presos y presas políticas.

Por eso, el 12 de diciembre de 2018, la dictadura nos pasó la cuenta, cancelando arbitrariamente la organización defensora de derechos humanos que en casi  tres décadas se ganó el cariño de la gente, acumulando un prestigio que solo se gana con una práctica de compromiso por Nicaragua.

Por eso asaltaron al CENIDH porque igual que nuestro pueblo en resistencia, no nos vendimos ni nos rendimos. No pudieron comprar nuestras conciencias, no nos doblegaron porque nunca estuvimos al servicio del poder que viola los derechos humanos.

Eso me llena de orgullo. Aunque me dolió cuando nos asaltaron y se robaron todo lo que tenía la organización al servicio de la gente, a saber dónde tienen todos los bienes, por la costumbre que les caracteriza nos imaginamos a los beneficiaros que disfrutan de su carnaval con todo lo mal habido. Supongo que no pueden dormir tranquilos con tanto dinero y riquezas manchadas de sangre.

En fin, hemos defendido los derechos y los seguiremos haciendo. Nunca hemos sido neutros porque en la defensa de los derechos humanos no existe la neutralidad. Que gran honor es servir a tanta gente, la inmensa mayoría carente de recursos económicos.

Después de 27 años difíciles, la gente de Nicaragua sabe más de sus derechos humanos y sobre todo, los defiende cada día mejor, aunque las apariencias o el silencio oficial y de medios proyecten lo contrario. En esa popularización del conocimiento de los derechos y su defensa, el CENIDH es parte de la historia y es lo que los abusadores no nos perdonan.

Nunca me imaginé ni siquiera la idea de ser parte de un forzado exilio, ahora es una realidad, la dictadura nos expulsó de hecho, luego de que asaltó al CENIDH y confiscó derechos, hasta el elemental de poder residir en nuestra tierra.

En medio de todas las dificultades, aspiro  a seguir al lado de las víctimas, a pesar de lo que los poderosos digan y hagan. Así han sido mis 27 años, mi compromiso seguirá siendo Nicaragua, mi tierra que alcanzará su merecida y plena libertad, con justicia y democracia.

jueves, 6 de diciembre de 2018


Nicaragua Nicaragüita
Aquel 18 de abril que cambió nuestra historia

Se cumplieron 7 meses y medio del inicio de la inesperada rebelión, provocada por los sistemáticos abusos de la tiranía y la opresión. Desde entonces, la represión se intensificó y la dignidad de todo un pueblo no se hizo esperar. Las expresiones de solidaridad y calidad humana han sido inmensas, aun en medio del dolor causado por la barbarie y el terror que representa la dictadura Ortega Murillo. El 18 de diciembre se cumplen 8 meses de aquel 18 que cambió todo y estremeció para siempre a Nicaragua.

Han sido 7 meses y medio de Estado de terror y de terrorismo de Estado. Las dolorosas consecuencias son tan visibles que trascendieron nuestras fronteras: Más de 300 familias han perdido a sus seres queridos, sea por el asesinato o la ejecución que constituyen crímenes de Estado, diversas masacres testimonian crímenes de lesa humanidad. 

Al menos 20 son menores de 18 años, incluyendo recién nacidos, entre esos niños Alvarito Conrado de 15 años de edad, quien antes de morir dijo que le dolía respirar, estremeciendo nuestras conciencias. Entre las víctimas mortales hay 13 mujeres, 22 policías. La dictadura Ortega Murillo es la responsable de las graves violaciones a los derechos humanos.

Todavía no conocemos con certeza la totalidad de los muertos, duele decirlo pero así es. El poder ilegítimo de una familia y su afán de seguir desgobernando como una dictadura a costa de sangre y fuego, es lo que mantiene a todo un pueblo con el sufrimiento por la pérdida de sus hijos En un derramamiento de sangre como si se tratara de una guerra, es el poder de las armas que trata como enemigo a todo un pueblo desarmado y hastiado de tantos abusos.

Miles han pasado por las tenebrosas celdas policiales, particularmente por las del nefasto e inhumano centro de tortura El Chipote. Más de 600 presos y presas políticas permanecen aún, arbitraria e inconstitucionalmente detenidas, la mayoría en el Sistema Penitenciario de Tipitapa y en el centro de mujeres, cínicamente llamado La Esperanza. 

Si no fuera por la calidad e integridad de los y las presas, su encierro sería para quebrarlos y para que salgan desbaratados ante la sociedad, los verdugos no han podido con esas personas, aunque les hacen de todo, en maldad nadie compite con los carceleros y discípulos de la dictadura, aunque conocemos que hay excepciones, ojalá se multipliquen y que den la cara desconociendo a su supremo empleador, el dictador.

Después de más de 7 meses, la dictadura familiar se proclama victoriosa y que todo ha vuelto a la normalidad y llenan de luces para celebrar navidad. Mientras dicen que pudo más el amor que el odio, su acción y brutal persecución los desmiente; saben que la resistencia está agazapada, contenida no extinguida, acaso interrumpida por la intensidad del terror, de qué otra manera entender la ocupación armadas de nuestras comunidades, ciudades y principales calles… 

La tiranía y la opresión, la misma que se encargó de atizar la rebelión de todo un pueblo, pretende desmovilizarlo, silenciando las voces del periodismo independiente, de los obispos y sacerdotes y de la ciudadanía que exige libertad, justicia y democracia, para imponernos la normalidad del oprobio, del crimen, del odio, del olvido y de la impunidad.

Hasta ahora, después de 230 días de aquel histórico 18 de abril, los presos son todos hijos del pueblo, no hay entre ellos ni un solo policía ni tampoco paramilitares, llamados de cualquier manera por el tirano hasta emplantillarlos como policías voluntarios. Los únicos policías presos son los que se resistieron a seguir reprimiendo y matando al pueblo.

El único paramilitar que se supone cumple condena, es el que se declaró como único  responsable del asesinato de la estudiante brasileña. Sobre este crimen, no nos contaron la verdad, solamente simularon que se hizo justicia, a puertas cerradas. En la misma proporción de los crímenes, los máximos responsables han mantenido un relato lleno de mentiras, negando y apostando al olvido. 

Después de estos meses de increíble resistencia, los verdugos y criminales del Estado declaran estar preparados para otra etapa de una guerra que solo en su mente existe. Es la continuación del terror y en su evidente ruina moral exhiben sus fusiles de guerra con caras pintadas y con una cara de barro, tratando como enemigo a todo un pueblo que les gritó duro y firme, que son indeseables, porque ningún criminal tiene derecho a gobernar.

Todos estos meses no han sido fáciles, con emociones de todo tipo, sin que el pueblo haya podido desahogarse plenamente por sus muertos, por sus desaparecidos, por los ausentes obligados a un exilio difícil, por los presos y presas políticas. La historia será contada no por los poderosos, criminales y mentirosos. 

Las páginas dignas, gloriosas y de heroísmo están reservadas para todo un pueblo desarmado que derrotará para siempre a los responsables de todos los crímenes cometidos en estos tiempos.

El pueblo, Nicaragua Nicaragüita VENCERÁ

domingo, 30 de septiembre de 2018


Inconstitucional prohibición y brutal represión

16 de septiembre. Marcha sobre carretera norte, asediada por las fuerzas represivas

El recién pasado viernes 28 de septiembre en curso, la Policía del régimen Ortega Murillo, mediante una nota de prensa, dio a conocer a la población nicaragüense, la inconstitucional prohibición del derecho de manifestación, derecho que han violentado por años. Al respecto, desde el 18 de abril se realizan en el país, marchas, plantones e innumerables expresiones de un descontento popular y generalizado, en contra de la dictadura dinástica, militar y sangrienta.

Los verdugos han descargado todo su poderío y maldades contra la legítima rebelión que provocó la tiranía y opresión. El régimen no haya qué hacer, porque cada vez se van quedando aislados contra todo un pueblo que levanta en alto la bandera azul y blanco, cargada de una dignidad nunca vista en la historia de nuestro país, la que han querido aplastar a sangre y fuego; por increíble que parece, con 3 ejércitos a su disposición y no han podido. Eso les ha generado una furia y desesperación que hasta en la cara se les nota.

La intolerancia se ha expresado en permanente y brutal represión, con etapas durísimas e intensas para frenar la decisión y resistencia imparable de la Nicaragua que cambió el rumbo de su historia. Termina el mes de septiembre, casi 6 meses de aquel alzamiento inesperado, 18 y 19 de abril, fechas de la explosión social y política de todo un pueblo harto de una dictadura que creyó que el sometimiento y la resignación eran marca registrada para siempre.

Los representantes de la ignominia ¿Cuánto han hecho y dicho, mejor dicho qué no han hecho y dicho?, en los temas anteriores de mi blog pueden observar las cifras aproximadas de todos los crímenes de Estado, del dolor causado a nuestro pueblo, de los crímenes de lesa humanidad que no admiten impunidad.

Qué no han dicho…Todas las letras del abecedario fueron utilizadas para despotricar y descalificar, mientras tanto la gente de este pueblo valiente no se rinde, superando todos los cálculos del Estado de terror y del terrorismo de Estado, está en pié y la familia de El Carmen, todo lo contrario, las rotondas cada vez con menos acarreados y obligados, que con mala gana ven ondear sus banderas por la fuerza del viento, sola agitadas por los fanáticos convencidos, armados y encapuchados.

Al poder criminal le sobran los fusiles, usados por una estructura criminal que los mantiene sin legitimidad social. Solo mediante la violencia armada han disuelto las manifestaciones, derecho constitucional que por supuesto no puede ser suspendido por una nota de prensa ni por ningún agente del Estado, sea chiquito o grande.

Como decimos popularmente, contra el pueblo han desplegado todo el poderío, cobardemente echándole la vaca, operan los paramilitares armados y encapuchados, junto a la Policía política y con la complicidad del otro Ejército que se declara neutral, mientras allá en el interior de nuestro país sigue cazando campesinos como lo han hecho todos los años de la dictadura Ortega Murillo. 

Sobre la inconstitucional prohibición del derecho de manifestación, ayer mismo en el sector de la Rotonda Cristo Rey, en el Barrio Riguero de Managua (con decenas de periodistas nacionales y extranjeros como testigos), los manifestantes le reprocharon al jefe policial represor, Comisionado General Fernando Borge, que demostrara su facultad para impedirles la realización de sus derechos…

El policía Borge, se quedó en silencio, como respuesta ordenó la represión criminal, misma receta que otro jefe cumplió contra la población de Estelí, con decenas de detenidos arbitrariamente en ambas ciudades, violándose también, el derecho constitucional a la libertad individual establecida en el artículo 33.

Entre otros derechos, correcta y firmemente una joven ciudadana se refirió al Artículo 54 constitucional que dice: “Se reconoce el derecho de concentración, manifestación y movilización pública de conformidad con la ley”. Ahora bien, el “de conformidad con la ley” no quiere decir que la autoridad esté facultada para impedir la realización del derecho mismo, al contrario el Estado y los agentes vinculados al tema están obligados a propiciarlo. Cabe tener presente también el artìculo 53 constitucional, sobre el derecho de reunión pacífica.

Quiero enfatizar que ninguna ley puede establecer requisitos que impidan en la práctica la posibilidad de manifestarse, de protestar porque hacerlo es negar derechos. Los Estados Constitucionales y Democráticos dejan de ser tales cuando impiden el ejercicio de la ciudadanía y cuando se violentan los derechos humanos, como es el caso de Nicaragua, donde el Estado los viola sistemáticamente.

Hay otros artículos constitucionales relacionados al ejercicio del conjunto de nuestros derechos, observemos lo que dice el artículo 32: “Ninguna persona está obligada a hacer lo que la ley no mande, ni impedida de hacer lo que ella no prohíbe”. Vemos el alcance del principio de legalidad… Lo que no está prohibido está permitido para las personas, por el contrario, los agentes del Estado solamente pueden hacer lo que la ley expresamente les faculta.

En consecuencia, la policía no tiene facultad de impedir las manifestaciones que constitucionalmente se dispone a favor de la población. Como tampoco tienen facultad para detener sin orden, violando lo dispuesto en el artículo 33 constitucional, mucho menos para emplear la fuerza y la armas de fuego contra un pueblo desarmado, violando el derecho a la vida y la integridad física.

Además, los invito a observar los artículos 130, 182 y 183 de nuestra constitución que, en esencia disponen y obligan a todos los funcionarios a respetar los principios de constitucionalidad y legalidad. Ningún cargo concede más autoridad que la prevista en la Constitución y las leyes. Y, la Constitución es la carta fundamental de la República, las demás leyes están subordinadas a ella, no tendrán valor alguno, órdenes o disposiciones (NOTA DE PRENSA POLICIAL) que se opongan a la constitución.

La policía, al servicio de un partido familiar, solo protege a las fuerzas pro gubernamentales, sin empacho marcha con ellas y opera con los paramilitares, como lo ha hecho en más de 11 años, como lo hizo en todas masacres y ejecuciones de estos meses, matando niños como: Alvarito Conrado de 16 años; Mathías, de tres meses, y Daryeli, de tres años, de la familia Pavón Velásquez en el Barrio Carlos Marx; como lo hizo matando al niño Teyler Leonardo Lorío Navarrete, de 14 meses de edad en Las Américas 1 y matando también a Matt Romero de 16 años.

Y, como lo está haciendo ahorita mismo; siendo obvio entonces que no está apta profesionalmente para servir por igual a toda la nación, hace años que cayeron en un proceso de autodestrucción, daño del que no se escapa ninguna institución estatal. Ese pernicioso y nefasto comportamiento policial, viola el derecho universal de igualdad ante la ley y no discriminación, establecido en el artículo 27 constitucional. 

Por supuesto, el Estado de Nicaragua, al violar de forma sistemática los derechos humanos de la población nicaraguense, incumple su obligación internacional adquirida mediante la adopción de instrumentos de derechos humanos, como los enunciados en el arto 46 constitucional; así como la Convención de la Niñez de la ONU, reconocida penamente en el articulo 71 de nuestra Constitución.

Hoy domingo no ha sido la excepción, porque la represión continúa y la resistencia también. Detuvieron a Miriam del Socorro Matus, de 78 años de edad, conocida como Doña Coquito “la abuelita de todos”, “la abuela vandálica”, ciudadana símbolo por su extraordinario ejemplo a quien, en los primeros días de la brutal represión, la vimos expresando solidaridad y en la actualidad participa en las manifestaciones. Precisamente la vi el pasado domingo 23  de septiembre, en Las Américas 3, minutos antes de que la marcha fuera disuelta a balazos y con gases lacrimógenos, donde asesinaron al niño Matt Romero.

Es obvio que en la realización de concentraciones, manifestaciones o marchas, las  autoridades deben adoptar medidas relacionadas a la seguridad para el desarrollo de ese derecho. En tanto la movilización ciudadana no es sinónimo de delito, los agentes encargados de hacer cumplir la ley deben protegerla frente a los ataques que sí son ilícitos. Cuando se limitan a observar, los policías se constituyen en un atacante más, en violación también del artículo 97 de la Constitución, donde está la misión constitucional de la Policia, cuya esencia es prevenir el delito, proteger por igual, profesional y sin sujeción partidaria, a toda la pobalción.

A pesar de los incontables obstáculos, brutal represión, persecución y crímenes de Estado en estos meses de ejemplar resistencia, el pueblo nicaragüense no solo ha demostrado que conoce sus derechos, sino que los ha defendido, consciente de que para realizarlos NO se necesita pedir permiso.

¡Protestar es un derecho, reprimir es un delito. El pueblo tiene derecho a vivir en paz, libertad y sin miedo. Derecho que no se defiende es derecho que se pierde!

viernes, 10 de agosto de 2018


Nefasta normalidad

Foto: Uriel Molina /LA PRENSA

Hay que ser desalmado para admitir que, después de más de 100 días sometidos al terrorismo de Estado,  hemos vuelto a la normalidad, cuando aún está en desarrollo una persecución feroz patrocinada y ejecutada por el Estado, sus fuerzas paramilitares desplazadas con todos los recursos y que operan como escuadrones de la muerte.

¿Cómo admitir la vuelta a la normalidad con más de 300 nicaragüenses asesinados y 2 extranjeros? Si a la mayoría de los familiares de todas esas víctimas ni siquiera les han respetado el derecho de realizar y enfrentar un duelo humano y decente. Por el contrario, los responsables de esos crímenes permanecen en la impunidad, negándolo todo o que fue por la fatalidad de la delincuencia común.

Además, las familias deben asumir la presión y represión “normal” de las burlas, porque los del gobierno (empezando por el tirano) dicen que han aparecido vivos, que se mataron entre ellos. La ofensiva receta de la impunidad viene desde el crimen mismo, los agentes del Estado la han propiciado con la manipulación de los expedientes y pruebas, como sello de exoneración de los asesinos con y sin capuchas.

Los de Monimbó y toda Masaya, los pueblos blancos, los caraceños con Jinotepe y Diriamba a la cabeza, los de Matagalpa y Jinotega con su Monimbó del norte; los del sur y occidente con León y Sutiava en pie de lucha; los chontaleños y los Managua con los universitarios y barrios orientales alzados; en fin...Todas las poblaciones del país en resistencia y brutalmente reprimida, toda esa gente recuperó la normalidad perdida?

¿Cuándo y cómo la recuperaron? si aún están bajo persecución, con las capturas y allanamientos sin orden, las redadas y cacería sin límite… en medio de la desolación por no estar junto a sus hijos, esposos, padres y hermanos? Bárbara normalidad… 

Las miles de familias con centenares de presos y presas políticas han vuelto a la normalidad, sin siquiera poder saber cómo están sus seres queridos en los diferentes centros de tortura?

Clase normalidad la sufrida por las madres expulsadas del Chipote y la del ciudadano Osvaldo Canizales, esposado a una camioneta policial y arrastrado por las calles de Jinotepe, con el común de que preguntaban por sus hijos presos o desaparecidos; o sea ¿es normal que te despojen de tu derecho a preguntar?.  

¿Cómo y cuánta normalidad recuperaron los familiares de los que huyen en las montañas de nuestra Nicaragua sometida al terror…Cuánta de ella queda entre las familias de los miles de expulsados de nuestro territorio, consecuencia de esa persecución feroz a cargo de los que ahora la declaran...?

Cómo y cuánta normalidad pueden tener los familiares de los detenidos desaparecidos, de los que en su desesperada huida fueron ejecutados por los bailarines de la muerte y del terror?

¿A qué se refieren los de arriba y cómo entenderla abajo, entre los centenares de discapacitados, sin ojo y con daños brutales, a ese estado doloroso y nefasto le llaman normalidad...?

Es la normalidad de los aparatos de represión, extensión partidaria de la dictadura con la forma de operadores de “justicia”, que judicializan sin causa legal alguna y que, como verdaderos francotiradores, aplican las leyes al capricho y antojo de los mismos que ordenaron tirar a matar. Si tenemos dudas, revisemos cómo encarcelaron a Irlanda Jerez, dos años después de una presunta condena que de repente se acordaron existía. 

Es la normalidad de los presos sin juicios y juicios sin derechos, sin asistencia legal, lejos de su lugar de residencia, con audiencias secretas y como los verdugos saben que no tienen casos, recurren a la tortura e intimidación para que los presos políticos se declaren culpables. Ah... Se me olvidaba que al salir, deben agradecer a ya saben quién. 

LA PRENSA/ Óscar Acuña / Cortesía
Esos francotiradores son los mismos que con infame normalidad persiguen a Nahomy Doris Urbina Marcenaro, conocida como la Comandante Masha, una joven mujer que desde las trincheras de Jinotepe nos demostró que ni el cáncer pudo contra su integridad y dignidad de persona. Los indignos que la persiguen no tienen ni idea de lo que es justicia, legalidad y derecho como los que defiende la Masha.

Entonces, de qué hablamos... De la normalidad de centenares de presos políticos que luego de ser liberados buscan alternativas para abandonar el país, precisamente porque en la carceleada se les propinó el suficiente tratamiento para no volver por otra...?

¿Existe normalidad entre los nicaragüenses que perdieron su empleo, entre los médicos y maestros despedidos por no someterse a las órdenes inhumanas, criminales de la dictadura...?

Sólo en las mentes criminales se celebra esa normalidad, por eso danzan después de matar, cazar, desaparecer y torturar. Es la pretendida normalidad de los encumbrados, los poderosos que quieren seguir desgobernando a punta de sangre y fuego, aunque a sus alrededores abunden sólo los fusiles asesinos, único recurso que les queda porque gente es lo que menos tienen. 

Además de asesinos son normalmente cínicos y mentirosos. Eso sí, el pueblo podrá ir recuperando normalidad cuando la dictadura dinástica y sanguinaria pague por todos los crímenes de lesa humanidad y más, cometidos contra todo un pueblo.

Digan lo que digan, hagan lo que hagan… El pueblo de Nicaragua vencerá a la dictadura para vivir en libertad y sin miedo, Jodido!!!