jueves, 12 de enero de 2017

Celebración indigna, contra la memoria y la historia

Plaza de la Revolución, bautizada así en 1979 luego del derrocamiento de la dictadura somocista. El último tirano de esa familia huyó de Nicaragua el 17 de julio de ese mismo año. El 20 de julio del 79, esa plaza fue cubierta total y absolutamente por una inmensidad de gente con sentimientos encontrados, llena de júbilo, con llantos y alegría porque se le puso fin al régimen dinástico que usurpó la presidencia por 45 años, lo que costó miles de vidas humanas.

Imagen de Susan Meiselas

Si podemos resumir ese instante (20 de julio) con la plaza a reventar por un mar de pueblo diríamos que: Tanto sacrificio no había sido en vano y que efectivamente la victoria tuvo un precio elevado y triste.

El recién pasado 10 de enero, con casi 38 años de diferencia, en esa plaza, Daniel Ortega Saavedra por más de una hora nos hizo referencias de la historia, de una parte de ella la que le conviene y con omisiones propias de un político como él.

Un matrimonio asumió la presidencia y con ello la familia Ortega Murillo se erige en otra dinastía en el poder iniciando un período ilegítimo, a pesar que la mayoría del pueblo dejó las urnas vacías el pasado seis de noviembre, de donde resultaron designados el compañero Daniel y la compañera Rosario, por orden de ellos mismos.

La diferencia entre aquella celebración y la del 10 de enero en curso es que, el 20 de julio de 1979 sintetizó la derrota de la ignominia y el triunfo de un pueblo dignificado protagonista de una revolución, en cambio lo que sucedió esta semana exactamente fue la coronación de la ignominia e indignidad hecha presidencia.

Las diferencias no solo son de tiempos, sino y principalmente de contenido: Ahora no hay ni revolución, ni democracia, ni República.

La celebración de este martes 10 no tiene nada que ver con la lucha heroica de nuestro pueblo martirizado, pues la vida y la integridad de sus hijos fue para nunca más tener gobiernos dictatoriales y dinásticos, para nunca más ser gobernados por una familia, exactamente es lo que se volvió a iniciar y lo que es peor: En nombre de Dios, de nuestros héroes y mártires y nuestro pueblo.

El 10 de enero se recuerda el asesinato del periodista Pedro Joaquín Chamorro Cardenal quien con su vida contribuyó al desencadenamiento de la derrota de la familia Somoza. Es como si el tiempo hubiese sido borrado. Esa pareja de ciudadanos actúan contra la historia, contra la memoria y la sangre de los miles decaídos.

El 10 de enero de 1978, a poca distancia de la plaza de la revolución, fue asesinado Pedro Joaquín, dos espacios, dos momentos y tiempos que sintetizan hitos de la grandeza, sacrificio y heroísmo de nuestro pueblo, nada que ver con lo que sucedió el reciente 10.

La memoria y la historia manoseada por la nueva dinastía y como corolario repleta de sillas para invitados por selección y exclusión, una evidencia que los dictadores le temen a su “pueblo presidente”, los invitados de honor fueron un contingente de juventud uniformada, cinco presidentes, un ex presidente perseguido por corrupción…

…Otros con el nombre de diputados o magistrados, aliados y comparsas que jugaron la misma farsa. Entre ellos, uno que recuerda la canción de campaña del gallo: Volvieron los tiempones que unos viejos barrigones se roban elecciones…

También asistieron curas y otros religiosos que bendicen la ignominia. Fue notoria la ausencia de los obispos, los que llegaron intentaron llenar el vacío, obrando también contra la memoria y la historia.

Ah… mi memoria me estaba fallando, olvidaba que no faltaron los viejos y nuevos ricos, un grupo selectísimo para el que tenían reservadas las sillas de las primeras filas, son los que casi todo lo ven estupendo, mientras la cosa les genere grandes dividendos.

Entre los pocos presidentes estuvo el ciudadano Salvador Sánchez Cerén, de El Salvador, éste dijo que los nicaragüenses nos merecemos a esa pareja en la presidencia, deshaciéndose en elogios para ambos miembros de la nueva dinastía.

Será que ese mandatario nos recuerda que mientras los nicas aguantemos a la pareja, nos la merecemos… En todo caso,  ningún pueblo merece dictadores y supongo que el Salvador no los acogería para que fueran sus gobernantes, caso contrario se los donamos.

La familia Ortega Murillo se constituyó en el primer matrimonio que controla absolutamente todos los poderes en Nicaragua convirtiéndose en una pareja indigna, lejos de cualquier parecido a Sandino, el General y ciudadano más patriota que hemos tenido en el último siglo.

Ambos usurpadores del poder están lejos y muy lejos de los principios y valores que motivaron a generaciones enteras para luchar y derrotar a la anterior dinastía que duró 45 años. La actual ya lleva casi 40 en el poder…

…No hay cómo perderse, no hay mal que dure cien años ni pueblo que lo resista (de hecho el pasado 6 de noviembre fue tremendo el mensaje). 

Todo lo que sube baja y aunque estén cerca del cielo, la lucha del pueblo re dignificará la memoria y la historia, sin recurrir a la violencia propia del régimen, los pondrá en el lugar que les corresponde, derrotando la prepotencia de estos poderosos violadores de los DDHH.

Nicaragua volverá a ser República


Nicaragua merece vivir en libertad, sin  miedo y con justicia.

2 comentarios:

  1. Gracias Gonzalo, como siempre, te lucis con tus comentarios, con ese estilo irónico y mordaz. Me siento identifricado con tu escrito. Un abrazo, Rubén

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  2. que genial, gracias por compartirnos la historia y el presente... en 1979 se lleno la misma plaza con gente gozosa de un gran logro, mientras este enero fue un show de la cúpula partidaria.

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