viernes, 11 de septiembre de 2015



El muchacho de Daniel

“…Salió un muchacho que voló cuatro tiros, pero que no quería matar a nadie. El escándalo porque está detenido y está puesto a la orden del juez, pero no satisface a nadie. Está claro que no disparó a matar…”.
Daniel Ortega en el 36 aniversario de la Policía

Asalto a mano armada

Es miércoles 2 de septiembre, una multitud de “agentes del orden” tienen tomada la zona de acceso al Centro Nacional destinado para el fraude (CSE), su objetivo: evitar que un grupo pequeño de ciudadanos se acerque a ese edificio y que los huevos (de gallina) no lo manchen, aunque desde hace rato está oscurecido por la corrupción. Los lentes y fotografías proyectan a diversas fuerzas de policías, con patrullas equipadas y sus motores listos; incluye una tropa debidamente entrenada para detener sin causar daños. Sin sumar los agentes vestidos de civil ni los civiles amigos del régimen, más lo que ese día se asomaron para “apoyar al CSE”, entre ellos humildes personas que declararon públicamente que andaban pidiéndolo al compañero Comandante, la restitución de sus derechos.

La protesta es frente a un régimen que, electo por las reglas de la Democracia, gobierna o desgobierna a su manera, según como amanece el día. Por eso la demanda de elecciones transparentes; agregando en los últimos miércoles algo de sátira y humor, cuyo blanco es el Presidente del Supremo fraude y la pareja más conocida en el país. Los mensajes en serio y el aditivo de la burla, no logran cautivar todavía a quienes mantienen una ciudadanía virtual. La lógica indica que frente a una pequeña movilización, los poderosos no deberían sentir culillo. Pero, parece que algo intuyen, además el autoritarismo no puede convivir con la libertad.

Así, en medio de un verdadero campo minado de policías, apareció el famoso pistolero de la Rotonda de Metrocentro, haciendo de las suyas disparando a los jóvenes David Campos, Jairo Contreras y a otros ciudadanos que protestaban ese día. El “muchacho” de Daniel tuvo todo el tiempo de golpear con la cacha de la pistola a otro de los jóvenes y después disparar a Campos y a Contreras. Su acción criminal fue con la aprobación del muro de contención policial. Un Comisionado con desfachatez dijo que no vio nada porque estaba a varias cuadras. Este Comisionado cumplió excelente su misión (no hacer nada porque no vio nada), al punto que le puso sello a su ascenso en grado de mayor.

Celebremos porque ningún disparo impactó contra la humanidad de los manifestantes. Quienes planearon esa acción saben que el objetivo era aterrorizar para desmovilizar. La eficacia de nuestra policía (de las mejores del mundo), hizo posible la captura del pistolero 24 horas después del atentado. A diferencia del trato a otros ciudadanos, del tirador solo exhibieron su cédula. No capturaron al otro “muchacho” que, en su respectiva motocicleta, se llevó al bien intencionado que vestía de negro. Basados en recientes casos, el viernes 4 de septiembre, en la entrada de Plaza El Sol advertimos la posible maniobra de que el Ministerio Público acusara el día sábado, con presencia de pocos medios, donde el “compañero delincuente” se declararía culpable y no se hable más.

Teatro de injusticia.- Sucedió algo parecido a lo dicho en Plaza El Sol, con adiciones al teatro. El pistolero que dicen se llama Samir, aceptó la acusación en su contra y después tiró su lodo a Mónica Zalaquett, la misma activista que lo había rescatado de la violencia juvenil en años anteriores. Veamos el momento y contexto de esa declaración. Por la embarrada del día del disparo, la policía auto descalificada por su complicidad, lo metió preso cuando quiso y lo tuvo de huésped en el chipote. Sin asistencia legal alguna y en sintonía con la Fiscalía lo presentaron ante el juez después de las 48 horas constitucionales.

Observemos cómo se coludieron (otro caso más que se agrega a la larga lista): Ni la Policía ni la Fiscalía, garantizaron participación de las víctimas en las debidas diligencias de investigación. No las llamaron para entrevista, ni para que reconocieran al que les había disparado y confirmar que el detenido (presentado solo en cédula) era el mismito ciudadano que vestía de negro y como profesional tirador. David Campos, Jairo Contreras y Chéster Jiménez, aparecen mencionados en la audiencia preliminar como víctimas y que fiscalía dice representar pero no garantizó su presencia, ni siquiera les notificó que habían acusado (¿todo eso es casual…?)

Hay más, La abogada defensora particular declara públicamente que no la dejaron entrar a la audiencia y los que contralan el acceso al “palacio de injusticia” le informaron que no era necesaria (aunque sí garantizaron que estuviera por ella una defensa de oficio). A los medios que incomodan con sus preguntas, el juez “imparcial” tampoco los dejó que cubrieran la audiencia “oral y pública” según la ley, (porque se siente más cómodo con los medios de la familia ja!!!). 

Para garantía de lo calculado, el acusado aparece platicando cómodamente con los medios invitados a la pantomima de justicia. Y, se fijaron que los operadores lo vistieron con una pieza parecida a la del día de los disparos (sólo el gorro). Es tan burdo el final de este crimen, como seguro es que estamos frente a otra conspiración contra la verdad. (Ver reportaje en La Prensa del martes 8 de septiembre). 

Observando las palabras de Daniel Ortega, debemos alegrarnos que su muchacho disparó sin malas intensiones. Estamos avisados: No quedaría piedra sobre piedra en caso contrario. 

En el 36 aniversario de la Policía, no habló el Jefe de Estado y de gobierno… habló el jefe supremo de esos muchachos.

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